Los artesanos hacen arte



Cada pieza realizada por un artesano cobra vida detrás del detalle, y es eso mismo lo que le da valor ante un público que desea comprarlo para exaltar el trabajo detrás de cada pieza. Pero, luego de pasar gran tiempo ha venido lo mismo, un artesano podría llegar a repetir como patrones sus diseños aunque es injusto decir que cada pieza viene a ser una copia exacta de la anterior.

Pero no se puede negar, que si es posible que existe cierto patrón establecido entre cada una de ellas; y es que resulta obvio que cada pieza viene a ser el resultado del trabajo de cientos de artesanos que han perfeccionan determinada técnica que se ha vuelto su sustento y parte de su identidad.

Pero pensemos en qué profesionista que pasa gran tiempo encerrado en un cubículo no termina repitiendo una y otra vez alguna forma de trabajar si con ello puede ser asegurado el alimento y el salario.

Con este tipo de afirmación no se busca quitarle méritos a lo que hacen los artesanos, al contrario, se trata de un reconocimiento a su identidad, estilo y forma de trabajo que a la vez se ha convertido en su rostro creativo y su historia. Distinto a los artistas, los artesanos no buscan una identidad individual, cosa que quizás sea la primera diferencia que traza una división entre unos y otros.

Inicialmente cuando se trata de un artista, en este subyace una necesidad de crear un discurso propio con el que pueda desentrañar lo que existe en su interior, eso involucra sus miedos, alegrías, traumas, delirios, horrores.

Por su parte, un artesano no tiene la preocupación de que su obra hable sobre lo que existe en su interior, sino que hace uso de ella como una forma de explorar esa habilidad que poseen sus manos, echando mano de toda la materia que puede encontrar su en su entorno para crear una pieza que pueda satisfacer a su público, incluso más que a sí mismo. Canastas, piezas de barro, tejidos, costuras, y todas esas piezas hermosas de una calidad impecable, tan solo vienen a ser mercancía y como eso es concebida por la mayoría.

Tratándose de un artista, si este tiene ganas de descifrar algo que lo atormenta o quizás le brinda una infinita felicidad, se dedica a pensar en su obra en términos de originalidad buscando un discurso que sea único. Lo que existe en su necesidad de crear arte, no guarda ningún parecido con lo que otro creativo puede concebir.

Un artesano realiza su trabajo para una colectividad, mientras que el artista lo hace para sí mismo. Por supuesto que esto no lo exenta de que su obra forme parte de un mercado o negocio en el que buscan ingresos. Sin embargo, cuando crea se supone que eso no tiene que ser su motivo principal, sino una consecuencia de la calidad de su obra.

Finalmente, podemos notar que el artesano tiende a ajustarse a la demanda que exista en el mercado y a la tradición de su oficio, mientras que si observamos al artista (encontrándose en un terreno ideal) viene a ser más independiente, le sigue el paso a sus caprichos y deseos de involucrarse en lugares únicos para descubrir un estilo o lenguaje que sólo le pertenezca a él.