¿El arte y la cultura son rentables?



Cuando nos detenemos a pensar en la palabra Rentabilidad, podemos darnos cuenta de que solemos emplearla en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana en la actualidad. Se trata de una palabra usada tanto en los negocios, como en los servicios y también para los aspectos culturales. Un ejemplo podría ser, que ninguna empresa se lanza a la construcción de algo, sin antes no existe un estudio que les pueda indicar que ello será rentable en todos los aspectos. Esto sucede incluso con estructuras como los hospitales o innumerables estructuras sociales.

En tal sentido, la cultura y el arte no se encuentran lejos de verse involucrados en tal concepto, y es tan sencillo como que un proyecto cultural no logra ser aprobado si este no es rentable en distintos aspectos. Alcanzar dicha perspectiva económica quizás se ha convertido en un obstáculo en cuanto a lo que podría ser el desarrollo cultural que se hace necesario en un país. Los historiadores del arte se llenan de sorpresa cuando conocen de cerca las opiniones de los economistas quienes se declaran a favor de la ayuda estatal para las artes pero también siendo enfáticos al destacar ciertos valores «no económicos» como por ejemplo el prestigio, la educación y la herencia.

Pero, no se puede dejar de un lado que tanto el arte, como la cultura se encuentran de alguna manera subyugados a la insuficiencia de ese tipo de bienes libres ya que los mismos le aportan «provecho» a esos sujetos que se encargan de reclamarlas ya que las necesitan para su creación. Cuando se hace posible la observación de proposiciones de alguna predilección en las personas como pueden ser pagar por una entrada de teatro, pintar un cuadro para su venta o tocar el violín solo por placer, es entonces cuando se hace viable para un economista examinar dicho comportamiento de quien oferta arte y cultura y de quien los reclama.

Un gran cantidad de oportunidades, los especialistas en arte se han equivocado al momento de descubrir nuevas tendencias artísticas; pero en ello, es posible que el mercado se haya manifestado con más velocidad. Un ejemplo de ello podría ser el impresionismo, el mismo fue rechazado por quienes se conocían como los bien implantados críticos de arte y también por quienes eran los dirigentes del arte en París. Los que actualmente se conocen como elogiados y grandes maestros del impresionismo, se vieron en la necesidad de apelar a la iniciativa privada recurriendo al «Salón des Refusés». Para ello, fueron abonados importes bastante elevados por cuadros impresionistas mucho antes de que dicho movimiento se admitiera por los poderes artísticos que estaban establecidos para entonces.

Suele ser un tanto arriesgado dejar todas las decisiones del ámbito cultural a los gerentes del arte, pues ello puede dar lugar a una tendencia de carácter conservador. Las artes requieren de gran apoyo económico, y también de buenos estudios si lo que se desea es progresar. En el medio es posible notar la influencia ejercida por las subvenciones en las artes escénicas y en los museos alrededor de Europa. Y en medio de ello, es importante que nos preguntemos: ¿Existe algún derroche en estas subvenciones?. ¿Valen la pena todos los museos?