Hollywood por vía oral
por FÉLIX ROMEO
La interesante serie Backstory, creada por Pat McGilligan, coordinador de un equipo de colaboradores, y cuyo objetivo es elaborar una “historia oral” del trabajo de los guionistas de Hollywood, se empezó a publicar en España en 1992. Llega ahora a su cuarto volumen (después de abordar en las tres entregas anteriores a los guionistas de la “edad de oro”, a los de los años 40 y 50 y a los de los 60), que recoge entrevistas con trece escritores cinematográficos que despuntaron en los años 70 y 80.
Backstory 4 no es un relato ordenado, como puede serlo Moteros tranquilos, toros salvajes (Anagrama), la mejor crónica de los años 70 en el cine estadounidense, sino una composición coral que trata de tomar el pulso de la industria a través de las experiencias personales de cada guionista (muchos de los cuales son también realizadores, como Blake Edwards o Lawrence Kasdan). Hay asuntos que se repiten, como la dificultad de trabajar con los ejecutivos de Hollywood o el complicado camino que sigue un guión, pasando de mano en mano, hasta convertirse en película, pero incluso cuando se habla de ellos, los guionistas tratan de escapar a los tópicos. Walter Hill, guionista de La huida, señala que incluso aunque Hollywood tuviera “un sistema construido a partir del altruismo y la buena voluntad, con el único propósito de realizar una contribución positiva a la cultura popular, el 90% de lo que se hiciera sería una mierda”.

Larry Cohen cuenta, con una honda humanidad, llena de patetismo, las dificultades para trabajar con Bette Davis: “me habría gustado darle una mejor película de despedida”. Frederic Raphael, guionista de Eyes Wide Shut, cuenta las dificultades, y el placer, de trabajar con Stanley Kubrick, a quien ha dedicado un libro estupendo, Aquí Kubrick (Mondadori): “jamás se hizo la menor referencia a elementos externos concebibles o reales, al supervisor o al público. Simplemente intentamos que la historia fuera tan buena como resultara posible”.
Hay algunas entrevistas verdaderamente divertidas, como la Blake Edwards y la de Donald Westlake, que afirma que si escribe en una novela una escena que piensa que es cinematográfica, cuando se hace la película “esa escena jamás se usa”. Hay entrevistas desoladoras, como la de Alvin Sargent, guionista de Luna de papel, que se presenta como un escritor casi arruinado, lento e inculto. Y seguramente hay entrevistas con más valor histórico o anecdótico, como la de John Milius, el guionista de la mítica Apocalypse Now.

Pero la que más me ha interesado es la de Lawrence Kasdan, guionista de En busca del arca perdida y director de Grand Canyon, que trata de explicar su cine, y el arte y la vida, desde una perspectiva humana muy liberadora, que asume sus propios límites. Me gusta su explicación sintética de la tragedia: “al adherirnos a una sola idea, en ocasiones sacrificamos todas lo demás. Perdición habla de eso: hay una ambigüedad real cuando Barbra Stanwyck dice “Te quiero” a Fred MacMurray antes de dispararle. Él no sabe si debería creerla, y puede que ella tampoco. Eso me encanta, porque lo encuentro todos los días por todas partes”. No me extraña que Kasdan haya realizado la adaptación de una novela de Anne Tyler, El turista accidental: su mirada sobre el mundo y sobre sus habitantes está muy próxima.

Acabo con un consejo de Nancy Meyers, directora de Cuando menos te lo esperas: “sólo te prestarán atención si sigues tus propios instintos y elaboras obras originales, si escribes esas cosas que sólo tú puedes escribir”.
[Artículo aparecido en el ABC de las Artes y las Letras.]